Prof. José de Recasens, Mons. Darío Castrillón, Sr. Luis Zornosa, Dr. Mauricio Obregón y Monseñor José Joaquín Salcedo

SEMANA Y ACPO


DE CÓNDORES Y SIRENAS
Memorias de un aventurero ilustrado

SEMANA Y A.C.P.O.
Texto de: Mauricio Obregón.

Después del 9 de abril parece más importante que nunca que haya medios de información responsables. La revista Semana está en venta y Hernán Echavarría y yo la compramos. Nos ocupamos por turnos de manejarla como editores.

Desde que la fundó Alberto Lleras la revista ha sido importante y una serie de directores nos ayuda a que sea cada vez más influyente: Juan Lozano, Eduardo Caballero, Hernando Téllez, Edy Torres, Mario Laserna y Luis Zornosa. La sección internacional pasa de Abelardo Forero a Franz von Hildebrand y a Belisario Betancur. Y la gerencia pasa de Abdón Espinosa a Jaime Uribe, a Percy Welton y a Arturo Mejía.

Unos años más tarde, Hernán resuelve que quiere vender su parte de Semana. Yo se la compro, y además de editar la revista me pongo a escribir una columna semanal; tiempo completo. Zornosa, menudo y conciliador, es un gran director, y Mejía, grande, benévolo y entusiasta, es una fiera para levantar avisos y vender suscripciones. Pero para cumplir con los suscriptores hay que mantener una buena existencia de papel, nada fácil en época de importaciones limitadas. Las ventas callejeras son menos comprometedoras, pero inseguras; siempre están sujetas a las “devoluciones” que puedan anular cualquier presupuesto. Un día me llaman de Cromos; se les acabó el papel y su último pedido no les ha llegado a tiempo para su próxima edición. Les presto el papel; altri tempi.

Unos gringos fundan la revista Visión y me proponen que nos asociemos. Lo ensayamos, pero entre tanto voy de Embajador primero a Caracas y luego a la OEA, y resuelvo más bien venderles Semana. Más tarde ellos se la venden a otro grupo colombiano y de venta en venta la revista llega a manos de Felipe López, quien la desarrolla hasta lo que es hoy. De todos modos yo no me puedo quejar; en los casi diez años que van del 9 de abril hasta el Frente Nacional, hemos pasado por todo, hasta por épocas de censura, pero siempre hemos logrado hacer un buen resumen de lo ocurrido en la semana, analizado a fondo y con independencia. He aprendido mucho, he hecho una buena revista, y no he perdido plata.

A mi regreso entro a presidir la junta directiva de otro medio de comunicación: A.C.P.O. (Acción Cultural Popular), el sistema de Escuelas Radiofónicas de Monseñor José Joaquín Salcedo. A la gerencia traigo a José María de la Torre, y a la dirección de relaciones públicas a Margarita Ortega. Recorro el país en avioneta y los campesinos me llaman “El piloto de Monseñor”.

Además de las escuelas, Salcedo ha creado unos institutos docentes en Sutatenza, y ha fundado la editorial Andes, el periódico El Campesino y La Biblioteca Popular que pronto alcanza los cien volúmenes. Ahora construye tres grandes emisoras, una en Magangue, otra en el Valle y otra en el Campo de San José, en la Sabana. Además de contar con ayudas oficiales, nacionales y extranjeras, el sistema se financia comercialmente.

El Papa Paulo VI viene a Colombia y uno de sus actos más importantes es inaugurar nuestra emisora en el Campo de San José. Salcedo ha montado un gran “show”: el Presidente Carlos Lleras espera en una tribuna; el Ministro de Relaciones, Alfonso López, espera dentro del edificio; y el de Gobierno, Misael Pastrana, espera conmigo en el helipuerto, un círculo de gravilla blanca. Al otro lado de la gravilla están los cardenales y los obispos y detrás de ellos los potreros copados; en peregrinaje ha llegado a San José casi medio millón de campesinos.

Se acerca el helicóptero papal y con el vendaval que desplaza, la gravilla se dispara en redondo como metralla. Los cardenales pierden los birretes, la policía tiene que dar la espalda, y los campesinos, los curas y las monjas invaden el círculo y se caen encima al Papa. Misael Pastrana y yo nos miramos y resolvemos alzar al Papa entre los dos y llevarlo hacia el edificio de la emisora mientras el famoso obispo Marcinkus da voces y trata de abrir camino. Su Santidad, en el aire, reparte bendiciones.

Cuando depositamos al Papa en el vestíbulo de la emisora veo que me han vaciado los bolsillos; espero que la indulgencia plenaria que me he ganado alcance también para el ladrón.

Después de esta apoteosis, vienen los años dorados de A.C.P.O.; cumple una labor educativa que buena falta le hace hoy al campo colombiano. Sin embargo, a la larga, Salcedo no se entiende con algunos obispos, hay empresarios que hablan de competencia desleal, y el apoyo del estado flaquea. Se vende el edificio de oficinas, luego las emisoras, y luego la imprenta. Salcedo se enferma; parece que no puede vivir a la altura de Bogotá. Se traslada a Miami, y desde ahí organiza un sistema de alfabetización para Venezuela con el apoyo del grupo Cisneros. Años más tarde muere en Miami. Su figura era ascética pero fue un gran empresario; podría haber sido presidente de General Motors.

Yo sigo de columnista, afortunadamente no semanal. Hace años, el corresponsal de Time me dijo: -Usted está untado de dos cosas que nunca se lavan: aceite de aviación y tinta de imprenta.

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